domingo, 19 de abril de 2009

EN OPINION DE JOSE AGUSTIN ORTIZ PINCHETTI


El despertar

¿Qué están viendo ellos?

José Agustín Ortiz Pinchetti
Domingo 19 de abril de 2009


El gobierno de Estados Unidos y sus agencias están percibiendo algo amenazante y grave que pasa o está por pasar en nuestro país. Sin esto no sería explicable el interés alarmado que empezó por múltiples dictámenes de que somos un "Estado fallido". Y después las visitas de la secretaria de Seguridad Interior, el procurador y oficiales del ejército; la designación como nuevo embajador de un experto en sociedades turbulentas y, finalmente, la visita urgente e inesperada del presidente Barack Obama.

Es obvio que deben estar horrorizados por la ola criminal que nos sacude y que sólo el año pasado cobró 6 mil vidas, por los secuestros, mutilaciones, torturas, asesinatos de niños y decapitaciones, así como por la creciente pérdida de control de Calderón sobre la situación fronteriza. Pero a ellos no les preocupa lo que les pase a sus vecinos, siempre y cuando no afecte sus límites o sus intereses.

Una preocupación mayor es que la ola ha penetrado en Estados Unidos y que hay presencia de pandillas de los cárteles por lo menos en 250 ciudades de ese país, con una secuela de asesinatos, desapariciones y secuestros.

Pero puede haber algo peor: la descomposición de nuestra fuerza de seguridad y la grave crisis económica podrían llevar a México al borde de la violencia social. Aunque los grupos guerrilleros están aislados, los narcos pueden alentarlos y subvencionarlos, proporcionarles armas muy sofisticadas que pondrían en jaque nuestra seguridad interna. Estallidos de violencia podrían generar una migración masiva de 2 o 3 millones de mexicanos en unas cuantas semanas. Sería el caos para los dos países y esta posibilidad sí puede preocupar a las autoridades del otro lado. La solución que proponen los "expertos" es endurecer los controles de la frontera y aumentar a 30 mil los efectivos que la patrullan.

Lo que los estadunidenses no perciben es que todo el fenómeno del narcotráfico y la crisis económica son producto de un proceso de degradación institucional, de corrupción e impunidad sin precedentes. Durante 25 años, los gobiernos de aquella nación han sido testigos impasibles –y a veces cómplices– del deterioro de México. El país no ha crecido y el reparto de la riqueza se ha hecho cada vez más injusto. A los jóvenes sólo les han quedado dos caminos: la delincuencia o el exilio. La clase política ha garantizado que los delincuentes de cuello blanco y los gobernantes corruptos no rindan cuentas. Con estos hechos, sería imposible que no se hubiera venido abajo el país y que el desorden y la violencia no hubieran hecho su aparición. Si Estados Unidos quiere un vecino estable y previsible tendrá que dejar de apoyar a nuestra oligarquía como ha hecho desde hace 80 años.

Fuente : La Jornada

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